El rio Arzobispo

Según los habitantes de la localidad de Teusaquillo, el río Arzobispo dejó de ser una leyenda para convertirse en un caño de inseguridad.

Lo que hace un tiempo era un río de aguas claras y descontaminadas, hoy en día se convirtió en uno de los mayores problemas para la comunidad de Teusaquillo. Pareciera que sus habitantes no quisieran recordar que el río Arzobispo, al que tantos le tienen rabia, tiene su historia en los comienzos de la Nueva Granada.

Teusaquillo tiene su encanto y su historia en sus calles, sus lugares y su gente. Es por ello que en la memoria de pocos aún vive el recuerdo de lo que fue el río del Arzobispo, hoy día convertido en caño. Este río desciende de los cerros y aparece bordeando el Parque Nacional por el lindero norte. Hasta la carrera 7a corre superficialmente . Pasa por debajo de esta vía principal y surge nuevamente hacia el occidente, hasta la carrera 13 en donde nuevamente se entierra para salir al lado de las escalas del edificio UGI. Lo atraviesa la Avenida Caracas y a comienzo de la calle 40 continúa por la superficie, para desembocar finalmente en el río del Salitre.

En el recorrido del río hoy se observan basuras, desechos fecales e indigentes que encuentran su albergue en éste lugar. Según el señor Jesús Gutiérrez Alvarado, habitante del barrio, “éste lugar se convirtió en un foco de inseguridad y de contaminación, puesto que los indigentes no solo viven debajo de los puentes del caño, sino que cometen robos a los peatones que pasan por allí”.

En cercanías a este caño se encuentran entidades educativas como lo son el Colegio Champagnant , Inpahu, la Escuela Tecnológica de Carreras Industriales, entre otras, que se ven afectadas por la delincuencia que allí habita. El puente que está ubicado entre la calle 40 y la carrera 17, es el punto de mayor concentración de indigentes, ya que debajo de él se encuentra un sitio adecuado para consumir drogas, además lo tienen, algunos, como hogar en horas de la noche, exactamente cuando los estudiantes de la nocturna deben atravesar este recorrido.

La solución a este problema parece no existir, ya que no solo es lo que en el caño existe, sino que aparte de esto, los señores taxistas y vendedores ambulantes hacen de él “un baño público y un lavadero de carros”, de esta forma lo afirma el señor Guillermo Guevara Vargas, quien es comerciante del lugar y ve como entre las 9 y 10 de la mañana los conductores se estacionan para orinar frente a un árbol, además derraman canecadas de agua sucia al caño, que ha sido utilizada para limpiar su vehículo, de igual forma lo hacen los vendedores, quienes arrojan las basuras al antiguo río.

 

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